El régimen de Franco tenía conocimiento previo de los preparativos del Holocausto

08/May/2017

Diario 16, España, Por Ricardo Angoso

El régimen de Franco tenía conocimiento previo de los preparativos del Holocausto

El régimen de Franco tenía conocimiento de
los preparativos del Holocausto según una nota encontrada en el Archivo General
de la Guerra Civil de Salamanca. En dicha entrada al Cuartel General del
Generalísimo, en forma de nota informativa sobre las “actividades masónicas
internacionales”, se informa acerca del empeoramiento de la situación de los
judíos que vivían en Rumania, país que llegaría a ser uno de los más fieles
aliados de Hitler en Europa y donde más miembros de esta comunidad serían
llevados a los campos de concentración o simplemente “eliminados”. El asunto es
de sobra conocido por los historiadores y este documento es un elemento más a
añadir al negro expediente franquista.
En la misiva, que es copia de la 254
enviada el 26.12.1937 a Franco, también se insiste en la famosa “conspiración
judeomasónica” que siempre denunció el régimen franquista y se denuncia que es
“sabida es la correlación entre la masonería latina y los israelitas de origen
no polonés”. Y como los organismos de ambas entidades (comunidades judías y
masones) se han coordinado para establecer una suerte de consejo, supuestamente
establecido en Ginebra, para conspirar contra España y, claro está, contra la
Alemania hitleriana.
“Por sugestión del DIRECTORIO ISRAELITA ,
el consejo masónico ha inscrito en el orden del día como atentatoria a los
derechos del hombre, la campaña que se ha iniciado recientemente en Rumania
para lograr que los sujetos rumanos de raza israelita sean privados de los
derechos de voto”, en una clara referencia a las primeras medidas antisemitas
adoptadas por Alemania y sus aliados como antesala de la conocida tristemente
después como la solución final, es decir, el exterminio masivo de seis
millones de judíos en Europa del Este y Occidental entre 1939 y 1945. Es decir,
el régimen de Franco conoció previamente al Holocausto que los aliados de
Hitler, sus principales apoyos en la escena internacional y con los únicos
países con los que intercambiaba embajadores, ya estaban tomando medidas
discriminatorias contra los judíos. En esa misma nota, lo cual revela el grado
de conocimiento que tenía el régimen de lo que ocurría en Rumania, se detallan
los nombres de los responsables de estas medidas contra los judíos. Está claro
que la embajada franquista en Bucarest ya informaba al régimen acerca de lo que
ocurría, pese a que los altos funcionarios del mismo siempre negaron que no
sabían nada de nada.
EL SINIESTRO PAPEL DE SERRANO SUÑER
Este documento, además, desautoriza
totalmente al que fuera ministro de Asuntos Exteriores de Franco -más conocido
como “el cuñadísimo”- y pone en evidencia sus reiteradas intervenciones hasta
su muerte en las que siempre negó que el régimen tuviera conocimiento del
Holocausto previamente y de las medidas tomadas contra los judíos. Serrano
Suñer, de ideas neonazis y uno de las mayores defensores del régimen genocida
de Hitler, aseguró siempre que hasta 1943 o 1944 el gobierno de Franco no tuvo
conocimiento de lo que estaba sucediendo en los campos de exterminio abiertos
por los nazis en toda Europa.
Serrano Suñer pasará a la historia no por
lo que hizo -bien poco, aparte de simpatizar con los oligarcas nazis de la peor
calaña, como Heinrich Himmler-, sino más bien por lo que no hizo: no movió ni
un dedo por la suerte de los 9.000 españoles que fueron enviados a los campos
de concentración abiertos por los nazis y de los cuales tuvo conocimiento a
través de las miles de denuncias efectuadas por sus familiares. De ese
colectivo, del que nadie se hizo hacer cargo y que las autoridades nazis
trataban con especial dureza por su condición de “apátridas”, Serrano Suñer no
quiso saber nada y nunca intentó conseguir una mejora en sus precarias
condiciones de vida. En total, según fuentes de absoluto rigor, unos 4.500 de
esos españoles fallecieron en los campos de la muerte, bien porque fueron
ejecutados por los nazis o a causa de las malas condiciones de vida y
salubridad que padecieron.
“Es una absoluta falsedad que el régimen de
Franco tratara de salvar a los judíos de una muerte segura en los campos nazis.
Ni tan siquiera puede ser considerado como un cómplice pasivo. Fue
cómplice activo y necesario y, por tanto, coautor de la deportación de los
judíos. Cuando alguien tiene la capacidad de salvar a otro ser humano de una
muerte segura y no lo hace se convierte en cómplice”, asegura el escritor
Carlos Hernández de Miguel, autor del libro Los últimos españoles de Mauthausen
(Ediciones B).
Hay abundante información, cartas y
documentos que avalan la tesis de que el régimen conocía el exterminio que
estaba en ciernes y de cómo los judíos se habían convertido en el centro de
atención de la maquinaría criminal puesta en marcha por el nazismo. El régimen
tenía embajadas en casi todos los países ocupados por los nazis y sus
diplomáticos informaban regularmente al ministerio de Asuntos Exteriores, bien
en la época de Serrano Suñer o después con Franciso Gómez Jordana, que
sustituyó en 1943 al “cuñadísimo”, acerca de las penalidades, crímenes y
atropellos que estaban sufriendo las comunidades judías de las naciones bajo el
yugo nazi. En Rumania, donde ya el documento informa de las primeras medidas
antisemitas, fueron exterminados más de 300.000 judíos por los nazis y sus
aliados rumanos, amigos a su vez también del gobierno franquista.
Pese a todo, la imagen de España salvo algo
la cara por el trabajo no oficial y casi clandestino de algunos diplomáticos
que ayudaron a algunos judíos extendiendo visas para salir de la Europa ocupada
por el nazismo. El caso más paradigmático es el de nuestro encargado de
Negocios en Hungría durante la contienda mundial, Angel Sanz Briz, conocido
como el “ángel de Budapest” y que pudo haber salvado a unos 5.200 judíos en
unas condiciones extremadamente difíciles y ya con los rusos ad portas de
entrar en la capital húngara.
“Diplomáticos como Ángel Sanz
trabajaron para evitar la muerte de judíos. Pero no fue gracias a sus jefes
sino a pesar de lo que mandaban sus jefes y Franco. La actitud del régimen fue
la de la indiferencia. No tuvo ni un gesto de humanidad. Afortunadamente, un
grupo de diplomáticos se salvo estas órdenes y actuó por su cuenta y riesgo a
favor de los judíos”, sentencia el autor de la obra ya citada Hernández de
Miguel. En Hungría, a pesar del heroico papel de Sanz Briz, fueron asesinados
en apenas unos meses -entre 1943 y 1945- más de 550.000 judíos de origen
húngaro.